domingo, 25 de abril de 2010

El pozo y el péndulo

Un señor acaba de ser condenado a muerte por un tribunal de la Inquisición, Toledo, no sabemos en qué tiempo; pero deducimos, a tenor de los datos que el protagonista nos proporciona a lo largo del texto, que debemos de hallarnos en un momento no muy alejado del presente, ya que las técnicas de los inquisidores parecen bien conocidas: se habla de ellas como de algo famoso, contrastado, histórico. Se obvia que no son los inquisidores los que efectúan la sentencia, sino sólo los que la emiten, y que es la justicia ordinaria, y no la religiosa, la que carga con la tarea de matar al reo. Así funcionaba lo de la Inquisición. Pero me parece bien obviado por parte de Poe: cuando la sutileza oculta aviesas intenciones, es trampa y no poesía.

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